Cada quién frente a su café. Antes de que le recalienten el suyo por primera vez, tapa su taza con su larga mano como si no quisiera que entre el frío ni escape el calor.y dice:
Ja! Este lobo le pone mucha azúcar! Ja!
Mira que yo era igual de joven hasta ese día. Era la primera vez que invitaba a salir a la mujer, la llevé a un restaurante muy finoles por que a ella sí que quería impresionarla. Cené contemplando sus largos ojos almendrados y sus pómulos como de Audrey Hepburn que me atraían tanto. Después de mi pato a la frambuesa y su salmón con mantequilla, pedimos el postre y dos cafés. Cuando los trajeron, como de costumbre, ordené para el mio un buen chorrito de leche y cuatro cucharadas de azúcar, ella me miró como asqueada con sus enormes ojos bien abiertos: ¿Le vas a poner azúcar?
Claramente no aprobaba. Entonces con pena, lo pedí negro.
Y me enseñó bien. Desde ese día no he tomado el café sino negro, nada de azúcar ni leche, que es como se debe tomar. La mujer sería Landa, pero era muy inteligente.
¡Mesero! ¿Me puede calentar esto? Esta frío. Y bájale a la maldita música.
No estuviste en estas fechas "familiares".Y la prueba final fue superada. Bueno según ésto, la verdad no fue tan difícil, hasta la pasé bien con los regalos y los guantes de nieve, y sólo unas pocas palabras se pronunciaron sobre ti con un tono amable, triste y solemne.
Pero aún sueño contigo y todavía te recuerdo, creo que diario, con cariño y melancolía. Y te extraño, siempre, todavía. Porque todavía siento que estás de viaje y vas a regresar, que te fuiste por un tiempo pero vas a volver a desayunar y acariciarme la mano y me vas a ver con tus grandes ojos azules, con tus viejos ojos azules, con tus octogenarios ojos azules, con tu singular nariz, tu curiosa sonrisa. En cualquier momento voy a ir a tu casa y te voy a ver ahí, esperándome con una flor en una mano y un té de frutos rojos en la otra.
Así que una prueba fue superada mi camborio, pero tal parece que quedan muchas más y entonces tu me apapachas, me ofreces vino tinto y ríes silenciosamente.
No se si me de a entender Antonio, pero aquí va, mi queridísimo camborio:
Seis meses. Seis. Medio año. Pero después de toda una vida medio año no es nada. Faltan dieciocho años para que sea media vida, mía, contigo, media vida, mía, sin ti. Cuarenta para que sea lo equivalente a media vida, tuya, sin mí aún. Aunque el tiempo no importa. Lo malo es que el tiempo pasa, y con el borra nuestras huellas, se puede cumplir, seis meses, medio año, media vida y hasta una vida entera sin que llegue lo que espero llegue. O regrese.
Te extraño. Ya por seis meses. Medio año. Parece una vida. Extraño la idea de ti. Extraño lo que te he idealizado. Medio año. Melancolía. Nostalgia. Y tú que no estas. Desde marzo. Seis meses. Medio año. Toda una vida.
Traigo puesto tu sombrero, ayer me puse tu chamarra, hace rato escuche tu voz en un video y vi tus palabras en una carta que le escribiste a Lucía. Así que dime la verdad: ¿Dónde estás escondido? Has dejado tantas pistas por todos lados y aún no sé dónde te metiste, ya chequé, además de lo antes mencionado, tus libros y tus fotos, palabras, portafolios y dos que tres sueños, en todos he encontrado pistas, pero híjole, eres buenísimo en eso de las escondidillas. Y aunque a algunos se les olvide que sígues ahí en algún lado siempre se acuerdan cuando ven otra de tus pistas: flores, osos grizzly, Rocío 119. Andale Antonio, dime: ¿Dónde te escondiste? Te prometo no le digo a nadie, me escondo yo contigo. Por favor, en serio sería un secreto entre tú y yo, ya me canse de buscarte y namás no encontrarte, anda, te llevo tu sombrero y un chocolate.
Después de meses, te sigo extrañando y de cierta manera sé que tengo que seguir con mi vida, seguir adelante y de un modo olvidarte. Pero no sé si es posible dejar de pensar en tí, en el roze de tu mano, en la mirada de tus ojos, en tus palabras. Estoy segura que no puedo vivir sin las risas que me causabas, sin las alegrías que me dabas, simplemente no puedo vivir sin tí. Me encantaría que regreses a mí, porque aún te encuentro en todo lo que veo o escucho, en todos esos objetos a los que les atribuyo un pedazo de tí, en las historias que invento, edito o aumento para sentirte cerca. Te extraño. Regresa.
Y cuando se fue el primer actor, el personaje de más importancia, el admirable intérprete, el jovial hombre, el protagonista inigualable de viejos ojos azules; el resto de los actores comenzaron con el trabajo de tramoyistas.
Cuando se va la vida, cuando se termina el guión, cuando lo único que queda por contar son simples recuerdos de una obra terminada, cuando se va nuestro protagonista, el centro de gravedad, es cuando el escenario se tiene que desmontar. Se quita cada cuadro, tapete, y mueble que algún día formó parte de la escenografía de la obra. Los actores secundarios de la magistral función llevan algunas cosillas consigo, recuerdos de la representación terminada, del actor gallardo que fungió un gran papel en todas las obras de las vidas del personal del teatro cuyas historias aún no están terminadas.
Cuando se cerraron los telones todos lloraron, quedó la nostalgia de la historia de una buena vida, la melancolía de ya no tener cerca al gran actor estelar, el profundo anhelo por cada escena irrepetible, la triste misión de quitar cada cosa de importancia y cada tontería del escenario que había sostenido la obra teatral por años.
Y quedó así vacío este escenario. En el teatro quedaron algunas cosas inservibles que ninguno de los que trabajaban tras bambalinas y ninguno de los actores de roles menores quiso. Se pudrirán o se venderán, pero en el escenario no queda ya rastro alguno de aquella gran historia con un gran guión y un gran actor, de la gloria y la majestuosidad, no queda rastro de vida ni de unos ojos de color azul.
Los demás actores comienzan a crear nuevos escenarios con la tramoya y decoraciones que tomaron al desmontar, pero por más que tratan de acomodar los objetos, tienen la profunda seguridad de que jamás se verán como lo hicieron en el escenario primero, en el que cada uno interpretó un papel casual pero siempre influenciado por los viejos ojos azules del protagonista que no será olvidado.
Me estiro hasta que me truena la espalda y de paso el cuello. Truenan desde que me subí por primera vez a la Montaña Rusa de la Feria de Chapultepec. En esa montaña rusa se le cayó a una amiga el celular y éste quedó sin ningún rasguño. Tengo un rasguño de mi prima en la pierna derecha. Mi prima tiene 5 años y la semana pasada usó su primer bikini. Mi bikini se esta secando en el tendedero. Tengo que secarme el pelo o me va a dar más gripa de la que ya tengo. Para mi gripa estoy tomando Tylex 750 y un jarabe para la tos. Nunca he entendido porque los jarabes para adultos ya pueden saber feo. Algo que sabe feo es el betabel pero me gusta su color. Mi color favorito es el verde perico. Algún día yo tuve dos pericos que se llamaban Macarena y Vitorino por la famosa canción. La canción que estoy escuchando es "Un vestido y un amor" de Fito Páez. Conocí a Fito Páez por mi papá que es su fan. A mi papá le encanta pintar y frecuentemente va al taller de Gilberto Aceves Navarro. Un día fui a ver una exposición en Bellas Artes de Aceves Navarro. En esta exposición me gustaron sus esculturas de bicicletas. Me gusta mucho andar en bicicleta pero hoy esta lloviendo y no puedo salir. Cuando llueve se me antoja meterme en una cobija y tomar chocolate caliente. Una vez fui a una hacienda chocolatera en Tabasco donde hacen el mejor chocolate caliente. En esta hacienda me atacaron los mosquitos. Odio los mosquitos pero al parecer ellos me aman porque siempre me están picando. Me gusta picarle el ombligo a los niños y preguntarles que por qué tienen un hoyo en la panza. Me impresionaron los hoyos de las carreteras en Baja California causados por el terremoto. Nunca he ido a Baja California pero me gustaría ir y nadar con ballenas. Una vez nadé con un tiburón enfermera en Isla mujeres. La isla más bonita a la que yo he ido es Holbox. En Holbox ayudé a tortuguitas a llegar al mar. En el mar la vida es más sabrosa. Algo sabroso son los pulpos en su tinta que prepara mi abuela. Mi abuela tiene ojos azules al igual que los tenía su consuegro Miguel. Antier releí el libro de mi abuelo Miguel "Un Jaguar en el silencio". En La Venta vi un jaguar negro que se presentaba a los espectadores tras su pequeña jaula de una manera muy majestuosa. A veces cuando no salgo de mi casa me siento como en una jaula. Me gusta mi casa y me gusta que sea un poquito desordenada. Mi mamá dice que soy muy desordenada y tiene razón. Los que no tienen razón son los maestros que dicen que tienen que ser injustos para educarnos para la vida. Estos maestros generalmente son los que dan las clases más aburridas. Cuando estoy aburrida en clase empiezo a dibujar y garabatear por mis cuadernos y ya que acaban me estiro. Me estiro hasta que me truena la espalda y de paso el cuello.
“El gen Landa” es un término coloquial en toda mi familia, no sólo en mi familia materna, aquella de los Landa y los valientes Alessio Robles que con un gran coraje se unieron a este gen, sino ya también es popular entre los bonachones Beltrán y los fregones Merino.
Los genes son una cosa que no podemos negar, curiosamente con estos vienen rasgos de personalidad que no podemos ocultar y el gen Landa corre erguido, rápido y muy puntual por la sangre de todos los descendientes de los Landa, no sé desde cuando éste corre por mis ancestros, pero yo tengo relatos hablados desde mi bisabuelo Landa, al cual yo no conocí, pero su fama lo precede. Sé, por ejemplo, que mi bisabuelo, era tan rígido en los modales en la mesa que nada comía nunca con la mano. Ni siquiera una alcachofa, vegetal que yo he tratado de comer con cubiertos y me he visto imposibilitada.
Mi bisabuelo tuvo varios hijos que nacieron con este gen dominante y dos hijas, la tía Nena y mi abuela Beatriz Landa Verdugo. Aún no se descubría que este gen es más poderoso en las mujeres. Y así, con todo y las malas cualidades que conlleva ser portador del gen ya mencionado, mi abuela que era tan bella como Audrey Hepburn, elegante, refinada y servicial como pocas personas he conocido, llamó la atención de un gallardo y culto caballero que vendría a ser mi abuelo Miguel Alessio Robles Fernández.
De esta rama de la familia Landa, pronto surgieron cuatro varones más, serios, callados, estrictos y puntuales. También dos mujeres, que aunque llevaban un apellido compuesto primero, no pudieron ocultar el segundo: Landa. Y sí, una de esas es mi mamá. Es por esta mala jugada de la genética que yo vengo a tener características como mal humor, necedad, inflexibilidad y explosividad que no puedo negar. Aunque sí, me jacto de tener este cuarto de gen Landa bastante bien diluido con un cuarto de Merino, un cuarto de Beltrán y un cuarto de Alessio, que hacen que las características Landa que admito poseo, no sean tan distintivas como lo son en mis predecesores.
Ahora, no puedo hablar de estas características del gen Landa sin hablar de sus descubridores que pusieron esto en orden y por supuesto, también, con eso de Merino y eso De La Calle, se encargaron de burlarse eternamente y distribuir los datos. Esos descubridores que junto con su prole y sus demás parientes se han encargado de reír de los Landa vendrían a ser mi papá, casada con una mujer descendiente directa de Agustín Landa y Cecilia mi tía, casada con un de los serios Alessio Robles Landa.
Todos los Landa menos los de mi generación, solían decir que debido a su buen comportamiento no existía ningún pariente al que se le pudieran imputar malas cosas, solían, hasta que mi papá, escuchando radio UNAM, se dio cuenta que no era como parecía, escuchó la historia de mí tía bisabuela la cual fue Miss México (primer error, un Landa exhibiendo su cuerpo de maneras inapropiadas), se casó con un hombre que tenía otra familia (segundo error, casarse con alguien no merecedor e impuro) y finalmente al descubrir su traición lo asesinó a sangre fría (tercer y fatal error, cometer un crimen o pecado, o ser acusada de uno.). Claro que los Landa supieron ocultarlo bien, mandando a la protagonista de este incidente a otro país, a otro continente, y no se habló nunca del tema. Los secretos se guardan para mantener el honor de la estirpe Landa. Creo que a ninguno de ellos se les hubiera ocurrido escuchar radio UNAM.
Ahora con material en las manos, los nietos de Don Miguel así como su cuñada y yerno decidimos probar nuevas maneras de diluir un poco el gen Landa. Todos los intentos fallaron. Pero lo descubrimos el día de navidad. El alcohol diluye este gen. Lamentablemente sólo durante la noche que es consumido, no permanentemente, y estas noches no abundan en la familia.
Claro que esta información ha sido resguardada por la familia de Beatriz Landa y estos datos tan valiosos no se han transmitido a otros miembros más allá de su familia. Nos burlamos con singular alegría de los demás Landa llenos del maligno gen sin que ellos lo sepan. Y también los de nuestra propia familia acaban muy fregados, pues algunos también somos descendientes de Merino; los adultos que llevan este apellido Landa se enojan cuando estas burlas suceden, por lo que el gen sale más a relucir, y sus hijos, mujeres, maridos y demás familia política, sólo nos reímos, tratamos de ocultarlo y comparamos al resto de los portadores del gen Landa con Fernanda del Carpio.
Es difícil dejar de hablar de ti en presente y empezar a hablar en pasado. Y precisamente es por esto que no voy a hablar de ti como algo que ya pasó, que ya no es vigente y quedó atrás. Voy a hablar de ti, que sigues aquí, en presente.
Hablo en presente y voy, hoy que es sábado a comer a tu casa. Primero organizas una carrera y la ganadora obtiene el apodo de la zaeta rubia. Cómo unas salchichonas de ternera (le doy la mitad a la Kivi) y yakult que nos dio mi abuela. Cuando los grandes acaban de comer, me formo atrás de todos los nietos para llegar hasta ti y abrir la trompina para que me des un chocolatino. Te ríes cuando Sofía llega a ti y tiene un vudu más que la semana pasada. Cuando te das cuenta de que las odaliscas no han lavado los platos sólo gritas ¡Mujeres ¿Qué pasa en Flandes?! Mientras avientas el jabón al lavabo. Todos los nietos nos empapamos con la manguera y patinamos en el nuevo patio que acaban de construir.
Hoy voy a desayunar contigo, nos preparamos un praire river con mermelada de frambuesa y una cantidad generosa de uvas y nos volvemos a servir hasta que esté llena la botija. Después salimos a tu jardín a contestarles los chiflidos a los pájaros y a ver las orquídeas que están floreando. También vemos las jacarandas y las bugambilias que justo ahorita se están dando la tarea de pintar la ciudad de morado, nos haces un acto de Tai Chi imitando la figura de Adriana Lima y ya de regreso nos tomamos un king size y tu además un booze, tu bow more, pero ¡aguas! que no te vea mi mamá.
Hoy nos vamos de viaje con todos los primos, te aseguras de que todos nos divirtamos y que nos traten como reyes, y la verdad es que lo aprovechamos de más. Incluso Santiago te dice que las cuentas que llegan del crucero, no eran sus bebidas, sino de las cenas. Tienes un gran aguante en los rápidos, y en el agua más calmada, haces como que remas cuando voltea Pablo, (que obtuvo hoy un título más, “Pablo Báculo”) pero en cuanto se da la vuelta dejas descansar el remo en tus piernas. Te enojas de que Piti maneja en carretera, admiras la selva de Kohunlich como la has admirado siempre en tus caerías por Campeche, te diviertes de nuestras aventuras con los japoneses en Guatemala mientras te tomas más cervezas Gallo de las que deberías. Ya es de noche, Migue se sale de su cabaña porque roncas como oso y al día siguiente nos dices que nadie se ponga gomina, pero todos cachucha. Hacemos el club cachuchas. Nos prohíbes los ipo-gloss en tu presencia con un ¡Do not, do not! al igual que ya lo habías hecho con los chicles. Estamos emocionados de otro viaje que nos tienes planeado, pero es sorpresa y sólo algunos saben.
Te visito en bici, (el mejor regalo que te han dado) después de que comiste hasta tarde con el compadre Bardobiano y jugamos conquianes, tienes un muy buen juego, pero yo también, aún así sé que no me vas a quebrar mi tercia y me vas a dejar ganar. Mientras, ahí en el comedor estamos viendo tus tarros y me pides que encuentre los dos personajes que están repetidos. Se que uno es Robin Hood, el otro siempre se me olvida. Te digo que tus tres mosqueteros están mal. Tienes a Aramis, Porthos y D´Artangnan, pero te falta Athos. Me repites que los tres mosqueteros son tres y que ni modo, ya no cabe el cuarto, después me dices que al que le encantan los tarros es al maestro sandia. Los admiras y me cuentas la historia de alguno de los personajes, me preguntas por las esposas de Enrique VIII, al escuchar mi respuesta sólo exclamas ¡Pero hombre!
Vamos a los toros y como no te acordaste de que no se pudieron comparar los boletos con el derecho de apartado y estamos una fila atrás, nos tenemos que subir al segundo tendido pero Rocío, El Panal y todos los demás se suben con nosotros porque es más divertido estar contigo. Vemos a Ponce, a Pablo Hermoso y al Juli. Y dices, un poco de broma un poco con verdad, que te encantaría tener un nieto torero. Y en ese momento yo imagino a alguno de mis primos de chico, vestido con un hermoso traje de luces como tú en la foto que tenemos en el comedor de cuando todavía eras un pilino.
Hoy vamos a comer al Don Amador, al llegar, lo primero que estas haciendo (como de costumbre) es decirle al mesero que le baje a la maldita música y lo vuelves a hacer varias veces durante la comida, platicas con cada uno de tus nietos sin que se te escape ningún detalle de lo que te cuentan de sus respectivas vidas. No ha faltado la frase de ¿qué somos tontos? Dirigida hacia alguno de tus hijos. Vemos a Carstens y lo bautizas como Tinin esférico. Todos reímos. Después le dices a Ceci que el pavo de la discordia no es suficiente y que hace falta que el de Diego también este ahí en su cocina. Estas fascinado con la plática de la periquina, pero llegando a tú casa vuelves a ponerle el parche en su foto de bebé para que no se vea el ojo bizco. ¡chintetes!
Quieres ver la tele pero no la puedes prender, le estas marcando al mecatrónico para que te ayude pero te acuerdas que Lucía hizo un manual para que pudieras prender el sky. Ahora le marcas a los sandía para que Isa te platique del Ballet, y en la conversación decides que necesitas aprender a usar Internet, en eso llega la hadita buena, pero Beatriz no ha llegado porque está en sus correrías o en algo que tiene que ver con sus “tendencias proletarias.” Por fin llegamos nosotros con ella, y nos cuentas de las carreras de Gaby, de lo que sabes de Juan Bosco, de la fiesta de Ximena y Andrés, dices que le enseñe mi cuadro del maldito negro a Martha Orozco, nos cuentas el chiste del ratón y el gato, me preguntas qué tal se venden los brownies de Tiz, hablas de “the amazing, the increidible, the unbelivable” THE FACE”, no pierdes la oportunidad de burlarte y maldecir a los Landa y nos señalas la ardilla que rondea tu jardín, pero ya nos tenemos que ir, Irina y yo te hacemos porcinos, dices “El lobo, muy buen amigo” al morfiniano de Agustín y María se está despidiendo de ti con el saludo de torero. Te paras con un ¡Erep, Erep Erepquiux! Y subes a tu cuarto a ponerte tus pantuflas de oso.
Es noche buena, Festejamos todos en la posada con las luces de bengala que nos dio la abuela, Gaby esta rompiendo ese objeto a donde deberían llegar los colibríes a beber pero cuando todos nos salpicamos con vinagre entendemos por qué nunca llegaron. Los nietos casi incendiamos tu casa empezando por la piñata sobre el montón de hojas del jardín empapado ya de gasolina. Nos das tu libro que relata tus cacerías, “Un jaguar en el silencio”, nos recitas Antoñito El camborio y nos comentas que seguro Antonio era bizco por eso de los bucles entre los ojos, a Diego le recalcas que la manera correcta es decir “Antonio ¿quién CARAJOS eres tú?” y nos dices que Eduardo de chico actuaba del ángel marchoso. A las nietas después de un “Tirarinrantantatan Tan Ta Tan”, nos das unos aretes muy bonitos que todas queremos usar pero después del vino, cantar con el gran Frank en karaoke y las fotos, te fugas sin que nos demos cuenta.
Celebramos de sorpresa tus setenta y seis años, a Tiz, como siempre con su suerte, de todos modos le toca regalo. Festejas los globos de parte del club fantino y preguntas por las nuevas peripecias de éste ¿Quién es el nuevo presidente? ¿Cómo van las construcciones del arenero que cada que vamos a tú casa volvemos a empezar? Vemos un video de tu vida, sin duda alguna muy bien vivida y con un poco de tristeza y un poco de melancolía hacemos presente a la abuela que hace un rato ya no esta aquí con nosotros.
En tu cuarto de cacería me preguntas que cuál es el trofeo nuevo, y le dices a mi abuelo Ramiro que los espacios que quedan vacíos son para mi papá y Carlos. Andrés juega con él peluche de ti mismo y tú te quedas admirando tus borregos cimarrones. Nos cuentas de la ocasión en que llevaste a Beatriz de cacería de niña y cómo pensó tu guía que ese niño era más valiente que el pasado. Algún tío recuerda la foto con la serpiente y tú piensas en todos los increíbles momentos que has vivido en el Yukón, Campeche, Sudáfrica, Camerún y en la Sierra del Diablo.
Y sí, seguiré hablando de ti en presente, por que sigues en cada juego de conquian, en cada queso, pan, vino, bow more o chocolate que consumamos, en cada té y café (sin azúcar ni leche como algún día aprendiste de la mujer) que no estén lo suficientemente calientes, sigues con nosotros en cada releída que le demos a “un jaguar en el silencio” que en este momento son muchas; en cada vudu o corbata que nos regalaste, en cada poema de García Lorca, en cada canción de Frank Sinatra, en cada bugambiia, orquídea y jacaranda, en las memorias de tantos viajes y comidas, en cada palabra que inventaste y en muchas cosas más. Sigues aquí aunque ya no te pueda abrazar y no me des más cachetinos, sigues aquí aunque no vea tus old blue eyes, ni escuche tu voz recitando o comentando una noticia del País.